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El Casamiento de Lola

El viernes pasado estuve de casamiento. Una gran amiga de Venezuela contrajo matrimonio con un rico chico colombiano, y después de la ceremonia en el civil, organizaron la cena en Lola Restaurant (Pres. Roberto M. Ortiz 1805) en Recoleta. Nunca había ido a este lugar, y… probablemente no vuelva.

La ocasión era muy amena, un momento muy especial en la vida de mi amiga, se  habia casado. La encantadora familia viajó para estar presente, por lo que uno no deja de sentirse una especie de anfitrión cuando extranjeros visitan Argentina (y no deja de sentirse mal y avergonzado cuando algún local se comporta erróneamente).

Habia un menú predeterminado para la cena que constaba de Entrada (Ensalada de hojas verdes, con blanco de ave y vinagreta de acheto; Terrina tibia de salmón rosado, con bouquet de verdes y vinagreta al curry Cubos de mozzarella a la milanesa y bouquet de verdes), Plato Principal (Penne rigatti con salsa bolognesa o fileto; Picaña al grill con papas fritas; Pollo relleno con timbal de zucchini y salsa de hongos o Pescado fresco de nuestro mar con timbal de arroz y salsa al champagne) y Postre (Clásico flan con dulce de leche y crema; Isla Flotante con salsa de naranjas y gajos de pomelo; Helado tres gustos o Torre tibia de manzana con helado de crema). En cuanto a Bebidas, incluía agua mineral, gaseosa regular y light,  Malbec y Chardonnay de Bodega Fin del Mundo Postales (1 botella cada 2 personas). Esto por la suma en efectivo de $150.

Ya éramos varios en la mesa, pero los novios esperaron a que cayeran algunos invitados más para arrancar con la cena. El lugar que les habían reservado en el restaurante estaba muy bueno ya que quedo en un espacio privado, con una cortina roja de terciopelo que actuaba como divisor del resto sin estar cerrada. Techo alto, mucha iluminación (no vayan buscando un ambiente intimista), en las paredes cuelgan  lindos cuadros de Hermenegildo Sabat especialmente pintados para el restaurante y a la izquierda de la entrada hay una larga barra que no alcancé a investigar.

Noté que habían puesto en nuestra mesa, sillas de plástico. Mal, ese detalle, mal, podrían haber puesto las sillas que tiene el resto de las mesas y no solo hubiera sido más cómodo sino mucho más agradable a la vista.

Comenzamos a ordenar y nos sirvieron las bebidas. Muy bien los mozos que recordaban a la perfección lo que cada comensal bebia, agua con o sin gas, vino blanco o tinto, no le erraron nunca.

Teníamos que pedir todo junto, es decir, darle los 3 platos que comeríamos al maître para que los vaya marchando. Por mi parte, fiel a mi lema “Afuera se come lo que…” pedí de Entrada, la Terrina tibia de salmón, que estaba muy bien de sabor  y textura – tengo mis dudas si era salmón 100% – pero la presentación del plato (a lo gourmet) con dos cuadraditos  y las hojas verdes (lechuga) estaba correcta, no más que eso. El resto de las entradas que pidieron los comensales, pintaban bien.

La desilusión llegó con el Plato PrincipalPescado fresco con timbal con arroz y salsa al champagne. De las 4 opciones, la que mejor pinta tenia era el pollo, y era la más abundante. Mi elección, distaba mucho de lo que me habia imaginado. La merluza, estaba muy bien de sabor y cocción, pero el plato en si, era… triste. El timbal era una cazuelita mal desmoldada con arroz blanco a punto, sin el más mínimo atractivo ni color, con 4 lonjas de pescado y con la salsa de champagne, la cual era mas similar a una salsa blanca color manteca, muy escasa, que apenas dibujaba una linea encima de la porción de merluza, y es hasta el día de hoy que me pregunto con que champagne la habrían preparado y si la habrían preparado con champagne, porque no lo noté.

Todos sabemos que un plato primero se come con los ojos, y hasta yo, una cocinera aficionada le hubiera puesto mayor esmero y color. Lo mismo se veía con el plato de Penne rigatti y la Picaña al grill, sólo verlos, pasaban tranquilamente por platos que yo (o cualquiera) podria haber hecho en mi casa, por lo menos en lo que a imagen proyectaban. Distaban mucho de las fotos de los platos que se ven en la pagina, los cuales imagino pertenecerán a la carta regular y no a un menú especial, como era éste.

A su vez, luego de servir las entradas, el servicio también decayó, ya que lo que parecía algo muy bueno – apenas había bajado poco más la mitad de mi copa que ya el mozo recargó al instante – resultó que antes de que sirvieran el Plato Principal, tuvimos que pedirle dos veces que nos sirvieran más bebida porque todas las copas estaban vacías.

Sin olvidar, el peor detalle de la noche: el maître retó a un comensal. Sucedió, que aparentemente, uno de los invitados se había cambiado de lugar en la mesa y cuando sirvieron los platos dijo que él no había pedido eso y el Encargado hizo su desplante, de muy mala manera, ofendido: “Y yo no tengo la culpa, si se están cambiando de lugar” y se retiró con el plato a la cocina.

No voy a entender nunca porque las personas que están para la atención de quienes van a comer se empeñan así en arruinarle la velada a alguien. Acaso no se dan cuenta que no solo era una cena de casamiento, sino que la gente amiga de los novios estaba ahí para pasar un lindo momento y no ser retado por un empleado del restaurante? No pueden controlar su temperamento y mala energia? No piensan que esas cosas le pueden amargar la velada a los presentes?

Finalmente, todos terminamos nuestros platos y luego vino el Postre. Ahí, otra desinteligencia. Todos estábamos comiendo  – Opté por la Isla Flotante, que estaba muy rica y mejor decorada que el Principal – menos la Novia. Los flamantes esposos y padres de la novia habían pedido Flan, sin embargo, el novio dada la presentación de la Isla no tuvo problemas de comer eso a pesar  del error. Pero la novia quería flan. Y en eso estaba, cuando le respondieron (con el mismo tono que el reto anterior) que no había más flan. Llegando a su limite de tolerancia,  ella montó en cólera y fue muy categórica al decirle al maître Uds. se han equivocado” y ahí respondieron que “en Lola el cliente siempre tiene la razón“. Finalmente le dieron otras opciones dulces y optó por un Crème brûlée que según ella, estaba muy bien preparado y la presentación era atractiva. Luego, ofrecieron café pero yo pasé.

No me olvido de comentar que el baño estaba muy limpio y comodo, excepto para personas de movilidad reducida, ya que para llegar al mismo hay que subir por una escalera caracol, siendo éste el único baño. 1 ½ Braca para Lola.

Habia llegado la hora de partir. Saludo a los presentes, y mi amiga me acompaño a la salida. Me pidio disculpas por los animos de los mozos (Totalmente innecesario que la hayan puesto en situación de disculparse por los temperamentos ajenos) y esperaba que hubiese disfrutado la velada. Lo cual habia sido así. No solo se había casado sino que había tenido el placer de conocer a su familia y yo había tenido la dicha y oportunidad de compartir ese momento con ella, nada más y nada menos que su casamiento, aunque Lola no hubiera estado a la altura de las circunstancias.

Braca

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4 pensamientos en “El Casamiento de Lola

    • Cristina, no es la idea ser muy dura en mis anécdotas (ahora me carcome un poquito), pero si es para que mejoren, es algo positivo para los futuros comensales, o al menos, eso espero. Muchas gracias por el comentario!

      Salud!

      Braca

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