El Mundial que Argentina Gana

Hace casi una semana era hasta difícil dormir para mí. Desde 1990 que la Selección Argentina no llegaba a una Final de la Copa del Mundo. Y ésta vez, con mis 31 maduros años, llegábamos.

En el 78’ no tenía miras de nacer.

No me acuerdo del 86′, tenía 3 años y 6 meses.

Me acuerdo de Italia 90′ y del Himno de los Mundiales “Un Estate Italiana”, me quedó grabado en la memoria la imagen en mi casa de Bahía Blanca cuando veíamos la transmisión en un Grundig que para ese momento no sabemos por qué no funcionaba el audio, me acuerdo del Goyco y su buzo multicolor, pero no me acuerdo de la derrota, de haberla sufrido.

Me acuerdo del 94′, el partido contra Nigeria, cómo gritó el gol Maradona, de la vergüenza, de como nos mintió a todos y de los debates en el aula de la Escuela Nº68 Marcos A. Zar.

Me acuerdo del horrible 2002, volviendo derrotada caminando por la calles de Nueva Córdoba a las 5 de la mañana, con ese frío que calaba los huesos.

Me acuerdo del 2006 y de toda la ilusión. Para ese momento ya vivía en Capital Federal y miramos los partidos en la oficina. Con Pekerman finalmente se había formado un equipo hermoso. Me acuerdo de mi Querido Saviola convirtiendo el segundo gol y agradeciéndolo al cielo, del 6-0 con ese orgásmico gol de Cambiasso y el zapatazo salvador de Maxi Rodriguez contra México. Empatamos 1-1 y perdimos por penales contra Alemania. Por Dios, como lloré, desconsolada. Y para ahondar el dolor, el error imperdonable de la AFA que dejó ir al mejor Director Técnico que habíamos tenido hacía 16 años.

En 2010 dije, “No me ilusiono hasta la final”. Había mucha mística pero poca táctica y estrategia. Otra vez Alemania y aquella vez perdimos humillados, con el que muchos llaman el mejor Jugador del Mundo en el banco dirigiendo a la Selección, totalmente paralizado.

El 2014, me encontró viviendo un Mundial por primera vez fuera de Argentina. Una experiencia totalmente distinta. A la distancia, muchos comentarios había escuchado sobre la formación, todo el barullo alrededor de Tevez, la desconfianza en Sabella, los cuestionamientos sobre Romero y la convocatoria de algunos jugadores de los cuales yo no sabía ni cual era su club actual. Un poco producto también, de que en estos ultimos años ya no puse tanta atención en el fútbol como lo hacía en mi adolescencia. Sea como sea, ahí estábamos, de nuevo jugando un Mundial, en Brasil y con el Mejor Jugador del Mundo de toda la Historia en nuestro equipo, Lionel Messi.

Ví muchos partidos tomando unas Guinness, Kirin o Meantime Lager, apoyando a Colombia y a mi favorito europeo, Holanda. De la Selección ví todos los partidos, dos intermitentemente ya que estaba trabajando. Los demás en el mismo pub en Bermondsey Street. Sola, llevando orgullosa el estandarte con mi camiseta argentina celeste y blanca, que no lavé hasta ayer.

Contra Bosnia éramos 5 mirando el partido. Contra Irán, con suerte llegamos a 10 (Una iraní vs. yo). Contra Nigeria, me tocó trabajar y no pude verlo, pero llegue al 1-1 y luego siguiéndolo online. Contra Suiza, me encontró trabajando también, encima el pub estaba llenísimo, lo que es inusual un martes y tuve que ver el gol Di María en la repetición porque me lo perdí. Para Bélgica, me había adelantado con fe y tenía la noche libre. El pub ahora estaba mucho más concurrido. Cuando el partido terminó con un gol de Higuaín, mire a todos los presentes con una sonrisa. A la salida conversé con dos ingleses que se entretuvieron todo el partido viendo mi cara, expresiones y comentarios en español. Contra Holanda, mismo lugar, abarrotado. Seguía con esa fe incólume, no nos veía perdiendo. Esta vez, sentada con los ingleses que apoyaban a Messi/Argentina y gente alrededor mío alentando a Holanda. Después de los penales, me saltaron las lágrimas de emoción y unos de ellos me abrazó felicitándome. Felicidad. Argentina estaba en la final de la Copa del Mundo.

Al día siguiente fui a trabajar con la sonrisa más grande del mundo. Con todos los clientes que hablé, la mayoría ingleses, todos alentando por Argentina (algo que jamás vería en mi país por parte nuestra), “Beat the germans, Congratulationes!/Venzan a los alemanes, Felicitaciones!”. Todos comentarios de ese tipo recibí, así también de franceses, italianos, escoceses, etc. parece que no son muy populares los alemanes por aquí.

Dos holandeses estaban tomando en la barra, les escuché el holandés inconfundible y en ese momento me ordenaron una nueva ronda, les pregunté si eran holandeses, me dijeron que sí e hicieron un comentario alusivo a la derrota y yo les dije, “Sí, perdieron contra mi equipo” y dijeron: “Ohhh you are from Argentina!! Congratulations!/Ohhh eres de Argentina!! Felicitaciones!!”… Les invité la ronda de Heineken, después de jugar como un espejo, era lo mínimo que podía hacer, ellos también habían estado cerca.

¡Cómo quería que llegara el domingo! y el domingo llegó. El gran día. El Día D. Contra Alemania, de nuevo. Con toda la fe y esperando que Messi brillara. Siguiendo todas las cábalas, mismo lugar, misma ropa, la celeste y blanca, la llamada vía Skype con mi Vieja antes del partido. No alcanzaron.

Esta vez me acompañaban el inglés, mi hermana y mi novio polaco. El pub explotaba de gente, no había lugar para sentarse. Esa fue la última noche que el pub abrió.

No nos humillaron, no nos hicieron 7, pero con 1 gol alcanzó para que se llevaran la Copa. Estuvimos tan cerca. Y esta vez, a diferencia de otros años para mí,  jugamos ese último partido y se terminó el Mundial. Y me dije: “No voy a llorar frente a estos alemanes”. Los felicité y me fuí. Las lágrimas estallaron en casa.

Y el lunes a la mañana temprano, cuando me desperté deseando que fuera sábado de nuevo, de nuevo caían por mis mejillas. ¡Qué difícil ir a trabajar!. Todos mis colegas, incluidos mis jefes ingleses me consolaban, uno de ellos, con una palmada en la espalda: “Everything will be alright/Todo va a estar bien” y yo con los ojos brillosos y el nudo en la garganta apenas pudiendo decir “We were so close/Estuvimos tan cerca” y bebiendo rápido un jugo de naranja para no romper en llanto. “You should be very proud, smile/Deberías estar muy orgullosa, sonríe”, me dijo mi Gerente. Hasta los húngaros de la cocina que alentaban a Alemania me dijeron: “I’m so sorry/Cúanto lo siento” y “C’mon don’t be so sad, you played very well/Vamos, no estés tan triste, jugaron muy bien”. Mis compañeras italianas, francesas, mirándome con cara de compasión, diciéndome que lo habían lamentado tanto y que estuvieron muy tristes el día anterior.

¡Qué distinto que se vive el fútbol acá!, es un deporte, un espectáculo, confraterniza, no divide y ese domingo, todos fueron un poquito argentinos, al menos por 120 minutos. Y como dice la canción, el show debe continuar. Otra vez esperar 4 años… Para Rusia 2018, tendré 35 años. Sí, esa manía de contar la edad a través de los Mundiales. Otra vez reservarme de cantar We Are The Champions

Cuánto lo lamenté por Messi, qué hermoso que es verlo jugar a la pelota. Qué hermoso que es Argentino. Qué hermoso será verlo en el 2018.

Hasta ahora, el Mundial que viví donde Argentina llegó más lejos. Sólo perdimos un partido, la Final, ante el que fué, aunque nos pese, el Mejor Equipo del Mundo, el Campeón. No fuimos a Brasil a hacer turismo, fuimos a jugar la Final. Y sí que la jugamos.

Gracias Messi, Gracias Argentina por un mes plagado de alegrías. Gracias.

Y Vamos Argentina Carajo!!!

 

 

Se suponía que iba a hacer una pequeña introducción para este post, pero se me fué la mano. Toda esta crónica mundialista viene a que, mi novio – al que poco le importa el fútbol, pero también hinchaba por Argentina – viéndome tan triste, me fue a buscar después de trabajar y quería invitarme a cenar. ¡Qué mejor que paliar las tristezas con una rica comida!.

Nos encontramos con mi hermana y me acordé de un lugar, ideal para la ocasión. Una parrilla argentina. No ganaremos un Mundial hace 28 años, pero en esto no tenemos rival: asamos la carne mejor que nadie en el Mundo.

Y así reservamos mesa en Buen Ayre (50 Broadway Market, E8 4QJ) para las 21:15 porque más temprano no había lugar. Voy a ser breve, porque ya escribí mucho y no los quiero aburrir. Buen Ayre es un lugar para no fijarse en la estética, ni en la decoración, ni en el baño, es un lugar para ir a comer asado en Londres. Asado a la parrilla con carbón. Punto.

Tomamos 2 botellas de vino, un Malbec de la Patagonia, 006 Bodega Aniello, que nos recomendó el mozo (argentino por cierto, muy buena onda), se fue como agua y luego un Finca La Linda Malbec.

De entrada, Mollejas/Sweetbreads, buenísimas y Lengua a la Vinagreta/Sliced Marinated Ox Tongue, cortada bien finita, un manjar. Ah! No me olvido de la canastilla de pan y manteca con Stilton que nos acercó al principio.

De principal, pedimos Ensalada Criolla de Lechuga/Lechuga, Tomate/Tomato y Cebolla/Onions que le pedimos a un lado y la Parrillada Deluxe para 3. El mozo convenció a mi hermana de pedirla medium rare/medio cocida, menos mal.

No entendimos bien – hasta que llegó la cuenta – el concepto del menú que decía mínimo 2 personas. Será que en Argentina las parrillas se comparten y si son 2/3 personas comen 1 parrillada. Acá no. Pedís parrillada para 3 y te cobran 3 parrilladas. Ahora, a nosotros me parece que nos durmieron, porque nos sirvieron 1 Bife de Lomo/Sirloin Steak (grande), 2 Ojos de Bife/Rib Eye Steaks (de buen tamaño, sí), 3 Chorizos/Argentine Style Pork Sausages, 2 Morcillas/Black Pudding y 1 Provoleta/Provolone Cheese. Y en la carta esta Parrillada consta de 14oz de Sirloin Steak, 11oz de Rib-Eye Steak, 2 Argentine Style Pork Sausages, Black Pudding + Provolone Cheese.

Conclusión, me parece que nos durmieron, pero igual, terminamos repletos, la carne estaba espectacular y con ese sabor inconfundible que le da el carbón. Pedir espinillo, sería demasiado.

 

4 Masches para Buen Ayre. Sin margen de duda, hasta ahora, el mejor lugar que he encontrado en Londres para comer un buen asado argentino. En cuanto a la cuenta – que ésta vez Adam se apropió – si eran libras más, libras menos, queda para la anécdota. Al menos, durante esa cena el sabor de esa carne, me hizo olvidar por un momento el sabor amargo y la tristeza del día anterior. Alemania se habrá quedado con la Copa, tendrán buenas cervezas y el chucrut. Nosotros nos quedamos con el Orgullo, la Plata, tenemos al Papa, el Mejor Vino del Mundo – Sí, también es argentino -, la Carne y el Dulce de Leche. En este juego, es indiscutible… Somos Los Campeones.

Braca

 

Pd: Por favor, no juguemos nunca más una final con la camiseta suplente y hay que prohibirle la entrada al estadio a Mick Jagger.

 

 

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. damian dice:

    hola braca , recien leo esto y me siento muy identificado con lo que contas, tengo 35 años y vivi este ultimo mundial con la misma intensidad, ya que arrastraba un dolor enorme desde 1990 hasta aca, pero esta vez y mas alla de la derrota, el.sabor fue distinto y fue un mundial unico, porque tuvimos un equipo que estuvo a la altura de los demas, re ando un beso y felicitaciones por el post.

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    1. Braca dice:

      Hola Damian,

      Primero que nada, gracias por tomarte el tiempo de leer y segundo, de escribir tan lindo comentario!
      Una lástima si, y aunque esta última Copa América no la pude ver en TV y no tiene la misma importancia, llegamos a otra final y eso también se palpita muy fuerte!
      Ahora a esperar Rusia 2018!

      Saludo grande desde Londres,
      Braca

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  2. Agustin (iannonino para braca) dice:

    Excelente Braca!! Beso a Adam y a La genia de tu hermana!!

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    1. Braca dice:

      Iannonino Querido! Muchas gracias por el comentario. Un abrazo enorme que cruza el Atlántico para vos y tu Prometida… Salud!

      Braca

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