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La Primera Vez de Luke con Dill & Drinks

Anteayer, después de que la organización de un after office fracasara, resolví que tenía que saldar un deuda pendiente con un lugar del cual ya había leído, recibido recomendaciones, etc. Mi amigo personal Luke – a quién cariñosamente llamo Skywalker, obvio – había quedado con ganas de la reunión previamente organizada. Siendo también materia dispuesta, lo invité y hacia el cometido rumbeamos.

Luego de un corto viaje en el 130 – la Capital porteña en enero es un placer – llegamos a Dill & Drinks (San Martín 986). Su pequeña fachada pasó casi desapercibida.

Las dimensiones son pequeñas, funcionales. A la derecha, una mesa con vista a la calle y sillones para 4 personas, 3 mesas ovaladas para 2, un par de pasos más (siempre hacia adelante) se encuentran las 2 barras de mármol escoltadas por sillas altas con almohadones de cuero. Sobre la pared izquierda una es más estrecha, con enchufes, estante de madera y ganchos para comodidad de los visitantes, gran detalle. Sobre la derecha, la hermana mayor, ancha, impoluta, espléndida.

Nos sentamos, para variar, en la barra. Este bistró se caracteriza por los detalles no librados al azar. Transporta varias décadas en el tiempo. Máquinas de escribir, cuadros con fotos en blanco y negro, balanzas de almacén, radios del tiempo en que un iPod era imposible, espejos, botellas viejas, sifones, detalles. Estanterías blancas, minimalistas, menos es más. Diseño sencillo, con buen gusto y mobiliario a la par. Las lámparas tal vez sean las que más denoten que estamos en el Siglo XXI, me dan la sensación de hacerle honor al nombre. La iluminación me gustó, íntima pero no tanto.

Después de unos minutos (extras) se acercó un barman, nos saludó cortésmente, no nos ofreció el menú y tampoco se lo pedimos. Yo estaba dispuesta a innovar (Un Old Fashioned a las 6:30 pm con el estomago casi vacío no es la mejor opción) y Luke ya estaba a la buena de Dios. Nos comentó la promo, $70 por cabeza con tapeos incluidos, lo cual daba una ecuación precio+calidad/cantidad muy bondadosa.

Aquí se aprovechan tanto para la comida como para los tragos, los productos de estación. En cuanto a frutas, en esta época del año las vedettes son las uvas, las ciruelas, la sandía, el ananá, el durazno. Nos comentó de la miel orgánica y tras un ida y vuelta, resolvimos algo con ciruela y Gin. Para Luke, hubo un amable interrogatorioYo te hago las preguntas“, dijo el bartender. Tras el ping pong con Skywalker, ambos profesionales pusieron manos a la obra y en las cocteleras, que resonaban fuertemente, por momentos, más que el reggae musicalizador.

Primero, nos sirvieron unos vasos con agua y hielo, que venían muy bien para paliar la sed callejera y limpiar el paladar. Luego, llegó para Luke un Cambio de Humor (después de probarlo se lo envidié un poquito) a base de Ron con Vermouth Bianco, uva y lima, exquisito. Y para mí un Dime Lo Que Quieras (Gin, Aperol, ciruela) al cual le desplegó un rulo de cáscara de lima aromatizando y haciendo juego, muy acorde a lo que necesitaba para arrancar.

Nos trajeron las tapas frías y calientes. Un plato tamaño postre con una almohada de rúcula en el centro, pollo a la mostaza (Riquísimo), arroz símil guiso, guacamole, cuscús (creo, no soy muy amiga de él) con perejil y tortilla de papas con huevo (Muy rica). Sobre la rúcula yacían bocados de pescado frío, todo esto, acompañado de una generosa cesta de pan cortado en cuadrados cubiertos de cebolla tostada.

Charla va, charla viene con mi amigo y el niño no toma tragos, pero se los toma rápido. De vez en cuando, los bartenders se acercaban a preguntar si andaba todo bien, servirnos más agua, retirarnos los platos. Todo de maravillas. Observamos también, las botellas de espirituosas, entre ellas varias – muchas – de Absenta, algunas no llegué a verlas sino hasta muy tarde y me reté a mi misma por no haber pedido algo con este cáliz místico. La próxima.

Luke acabó antes que yo y fue por más. Le ofrecieron un Tom Collins, el primero en su vida. Debo confesarles que mucho no le gustó, le pareció muy suave y simple. Por mi parte, nuevamente después de un intercambio con el Sr. Barman, me dijo que iba a ser un antes y un después y me trajo un Planters Punch. En principio le dí de lleno a la granadina que tenía en el fondo y no estoy tan habituada a tanta dulzura. Removí con las pajitas, le agregaron un par de gotitas de bitter dosificadas – literalmente – con un frasquito gotero. A mí también me pareció que estaba muy suave, lo que me llevó a preguntarle cuantas onzas de Ron tenía el trago y me dijo “2 onzas de Ron Blanco, 1 onza de Ron Dorado (Añejo/3 años), jugo de naranja, limón y ananá y granadina“. Era mi sensación nomás, porque 3 onzas de Ron de suave tienen poco.

Seguimos charlando de la vida, de viajes, de trabajo, de compañeros, etc. Nos ofrecieron y aceptamos otro tapeo, similar al anterior pero con algunas variantes: unas exquisitas lentejas con cebollita de verdeo, mini-sándwich de pan francés con queso y berenjena que era un espectáculo y berenjenas picantes, que a mi me picaron más que a Luke.

Integramos a la charla a nuestro barman que tras preguntarle el nombre nos dijo: “Juan Sebastián, Juanse para los amigos, que después de 2 tragos ya se pueden considerar amigos“. Así que, nuestro amigo, nos contó un poco más de Dill & Drinks, un proyecto hecho realidad, hace ya 2 años, por Leandro Leyell, quien no sólo es el Jefe, sino también el Cocinero a cargo. Otro día, trataré de ir más cerca del horario de almuerzo o de cena, así pruebo algún plato principal, porque a juzgar por las tapas, apuesto que se debe comer más que bien. Lo que sí, hay que reservar, porque sólo son 10 cubiertos sentados, el resto, a las barras. Además, tengo que preguntarle el nombre al experimentado coequiper de Juanse, muy floja estuve. Estuvimos.

En algún momento cayó una pareja y también comenzaron a arribar un grupo de jóvenes que tenían su reserva hecha y Luke, se desplazó una banqueta para que se sentaran juntos. Pasé al baño, uno para cada sexo compartiendo el lavamanos, con el detalle de una silla para el caso que haya que esperar, buen espejo, divertido jabonero y limpieza que da gusto encontrar. Aprobadísimo.

Tras escuchar que Juanse nos contara sobre su vasta experiencia laboral y compartir opiniones sobre otros bares y bartenders conocidos, ya habíamos terminado nuestra segunda ronda y a Luke le prepararon el Bellini prometido – cortesía de la casa -. Yo, fui por mi Old Fashioned, para no perder la costumbre. A Juan Sebastián no le tembló el pulso al pintar el vaso ni al servir la dosis de Jim Beam. Si había dicho que el Planters estaba suave, ahora no podía decir ni mu. Tal como nos dijo, “Acá hacemos sólo lo que sabemos hacer“. Touché.

Obviamente convidé a Skywalker de mi vaso, su primer Old Fashioned. Le encantó. El Bellini también, chispeante, color naranja holandés, brillante, a punto. Nos ofrecieron otro tapeo, pero pasamos, ya estábamos satisfechos, comer más ya era lujuria. Me quedó pendiente leer la carta de vinos. Se las debo.

Hace unos años trabajé a la vuelta de este lugar, pero lamentablemente no existía. Mis ex-compañeros ahora tienen un buen lugar lleno de pequeños detalles donde saciar estas necesidades básicas sin moverse demasiado. En mi humilde sistema de puntuación le doy Bracas.

Visité por segunda vez el toilette y cuando volví me tocó a mí ceder otro lugar en la barra, ya que el grupo de jóvenes seguía ampliándose, convirtiendo esto – casi – en una orgía. Con la copa de Luke vacía (este chico tiene que demorar más los tragos, quiero que llegue a los 25 con su hígado original) y mi vaso con la semi-rodaja de naranja ya en mi estómago, pedimos la cuenta. Eran $190. Luke, a pesar que yo quería invitarlo no me dejó. Aceptan tarjetas, muy bien.

Tras saludar y agradecer, prometiendo volver, nos retiramos. Habían caído unas gotas que poco refrescaron la tarde/noche de verano, sólo sirvieron para empapar las flores de eneldo que fueron testigos de la primera vez de Luke. Ojalá todos los debut fueran así de placenteros, no?

Braca

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PD.: Pido perdón por la pésima calidad de las fotos. El iPhoto no puede hacer milagros con tecnología mediocre de otros dispositivos. En un par de meses llegará una cámara de verdad. Espero.

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4 pensamientos en “La Primera Vez de Luke con Dill & Drinks

  1. Me encanto como transfórmate una hermosa tarde noche en una narración atrápame, entretenida y graciosa en su medida justa!

    Beso branka! Me encanto el post! (Y el cambio de humor! )

    Luke Sky

    Me gusta

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