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Mi Pequeño Pony Line Bar

El fin de semana pasado no salí y el lunes (17/12) pintó lindo como para despuntar el vicio en la ultima semana antes de mis vacaciones y previa a las Fiestas. Me pareció un buen momento pasar mi anteultima noche en la Capi en 878  y hacia allí fui. A pesar de ser lunes estaba súper concurrido y encontré sólo un par de banquetas vacías al final de la barra. Pedí unas croquetas de pescado y un Mint Julep, que debo decir, es la primera vez que un trago de este lugar no es lo que esperaba. El transcurso de la noche devino en que terminara conversando con un muchacho llamado Sebastián, Gerente de Bebidas en Pony Line Bar (Posadas 1086/88).

La charla, sobre esta propuesta gastronómica bastante reciente, despertó en mi la suficiente curiosidad como para descubrirlo antes de partir hacia tierras cordobesas en busca del cariño familiar.

Entonces el jueves (20/12) me acerqué al Pony Line Bar. El bar del Four Seasons, con una puerta vidriada enorme, independiente del hotel. Elegante, sofisticado, lindo. Sí son de alojarse en hoteles de esta categoría, ya estarán acostumbrados y les va a gustar, si son más como yo, es un lugar chic, ideal para alguna ocasión especial.

Pasando el bar, se encuentra Elena, el restaurante, con intención de enaltecer la comida autóctona. Esta vez, solo me dediqué al bar. Tal vez una próxima cruce el pasillo.

Con su nombre haciendo referencia a los palenques, toda la ambientación aquí tiene que ver con caballos, petiseros, polo y demás. Algo que me llamó la atención, fueron los grandes boxes con sillones de cuero, separados cual caballerizas 5 estrellas.

En el centro del salón hay mesas con sillones, mesas con sillas y mesas altas con sillas altas. Estaba concurrido pero no lleno. Caminé directo a la protagonista absoluta de la escena, la enorme barra de acero sin pulir. Muy cómoda, como los taburetes de cuero beige que la escoltan ordenados. No hay ganchos debajo, pero sí unas incandescente luces blancas que dejaban – aún más – en claro la falta de sol en mis piernas. Hay mucha luz, en general.

Iba a preguntar de que material está hecha la barra, pero se me pasó. Lo bueno, es que es muy ancha y tranquilamente se puede cenar allí también.

Apenas me senté cerca de la esquina izquierda, todo el staff me brindó un servicio descontracturado sin perder calidez, calidad y excelencia.

Uno de los dos barman de Pony me saludó y entregó la peculiar carta de tragos y bites, en inglés y castellano, se lee de lado a lado.

Pedro (Giustinian), me consultó si iba a tomar algo y le comenté que sí y pregunté si podía comer ahí (Por supuesto). Iba a picar algo, venía solo con unos pistachos encima.

Un poco ya me había comentado Sebastián, pero ahí lo estaba leyendo y la carta de tragos no solo es muy variada, original, tradicional e innovadora a la vez, sino que los precios son muy accesibles para la categoría del lugar y la calidad de los productos… Es decir, los tragos cuestan $65, sólo $5 más que el speakeasy de las contraseñas en Palermo, pero con una atención notoria y agradablemente superior. También cuentan con una amplísima carta de vinos, que no pedí pero si alcancé a ver. Y hay un par de opciones en cervezas artesanales exclusivas para el Pony Line, Lothar y Stallion, que probaré en otra ocasión.

Me decidí por un Manhattan – con el estómago casi vació todavía no estaba para un Old Fashioned – mientras seguí mirando la carta donde hay de todo, pero de todo de verdad. Opté por unas mini hamburguesas de langostinos, confit de pato, cerdo y chipotle.

Al instante ubicaron para mí el individual de cuero, los cubiertos brillantes y la servilleta. Antes de eso habían servido un bol psicodélico rojo con snacks y mermelada. Mientras, observaba los frenos de cuero que cubren el techo bajo entre las luces, el parquet en cuadraditos, un enchufe en el piso – imagino disponible para uso del hotel y de los clientes -, singulares lámparas transparentes que cuelgan del techo, la alpaca tallada de la pared del bar que me recordó a los envoltorios dorados de chocolates, el mobiliario de cuero y madera, un barman que cortaba una barra de hielo, las botellas de espirituosas en la pared – entre ellas Gin Mare -, la cereza macerada dentro de mi copa y en eso llegó la comida.

El plato/lámina de porcelana blanca reluciente arribó prontamente de la mano de un mozo bellamente ataviado – como todo el equipo – y tras cortar la llamada con mi amiga Nadia me dispuse a degustar las mini hamburguesas, que salvo por el pan que tenia unas líneas del tostado un poco pasadas – para mi gusto – los sabores estaban impecables y livianos, además de rendidoras, ya que no tuve ganas después de pedir nada más, estaba satisfecha. Al ratito, de terminarlo, pasaron a retirarme el plato vacío.

En el ínterin, mientras comía, uno de los chicos – quien luego me enteraría es Santiago Lambardi, Gerente del lugar – me preguntó amablemente como iba todo, a lo cual, le hice un chiste sobre el timming para preguntarle algo a alguien cuando tiene un bocado en la boca y más aun cuando ese alguien es mujer. Le dije que todo iba de maravillas. Tras conversar un rato de los detalles y  la idea en general del restaurante – como recuperar los sabores autóctonos – me habló de los postres y helados para morirse – Dolce Morte –, creados especialmente por el maestro pastelero italiano (del cual no recuerdo el nombre en este momento) del Four Seasons con nombres tan originales como Lima Mi Limón que luego me invitaría a probar.

Seguí con mi Manhattan. Cuando en eso estaba, pasó Sebastián y me presentó también al equipo de barra. En eso aproveché para preguntarle a Pedro si fabricaban su propio hielo y me dijo que justo ese día había llegado y que tenían 3 tipos de hielo. Detalle no menor, difícil de encontrar. Hielo en barra, en bloques, en dados cristalinos. Amo los pequeños detalles.

Maté el Manhattan y también la cereza macerada. La estaba pasando realmente bien, sintiéndome Dueña y Sra. de la Barra – ya que una pareja que andaba por ahí partió en busca del bullicio nocturno porteño – no tenía ganas de irme. Me encanta cuando me pasa eso, gracias al buen trato y calidad. Tienen que ser una sumatoria de detalles cuidados, una cosa sin la otra no me invitan a quedarme. Por ello, fui por algo más, mi – ya – clásico Old Fashioned.

Antes – o después – de pedirlo, se acercó nuevamente Santiago y me mostró la carta de helados exclusivos, en una original presentación. Me dijo que el Lima Mi Limón era un limón con un concentrado acido muy fuerte y leí que tenían pistacho. Aproveché para comentarle de mi campaña “Institucionalicemos el Pistacho” por la que sigo bregando tenazmente.

El Old Fashioned vino esta vez de la mano de Matías (Granata). Fue la primera vez que antes de servirme el trago me ofrecieron opciones de Bourbon y cual era de mi preferencia dentro de ellas para prepararlo. Otro detalle que me encantó. Elegí Maker’s Mark.

Antes de que Matías finalizará su obra maestra, ya tenía mi cuchara brillante para el helado y también el mismo, servido en un cucurucho artesanal de chocolate (con alto porcentaje de cacao): Pistacho (arriba) y Lima Mi Limón (debajo). Colorido, cremoso, casero. Y el limón especial – desde ya aviso – no es apto para cobardes, es prácticamente un limón hecho helado, por lo que se siente, ahí, en la mandíbula, donde se perciben los sabores ácidos y te provocan un escalofrío. Un pulgar arriba, de perfil y sin mirarlo le bastó a Santiago para saber que todo marchaba espectacularmente bien.

A pesar que no soy dulcera, como le había comentado, me lo comí todo, no podía desperdiciar semejante obsequio y él se río de mí, ya que justamente, le había aclarado que no era de comer muchos dulces pero no tenia obligación de comerme todo el helado, casi me pongo colorada.

Luego de tamaño postre me dediqué de lleno a beber, sin duda, uno de los mejores Old Fashioned que he probado. Equilibrado, sin azúcar excesiva, el aporte clave del bitter, el sutil aroma de la cáscara de naranja y el bourbon refrescado, rodeando un (sólo un) bloque de hielo. Perfecto.

Ya con casi dos horas en el Pony, y a pesar de que no era una noche concurrida, tuve la certeza que este nuevo espacio invita a ser un lugar para ir en pareja, con amigas/os, en familia o cual Llanero Solitario, más aun si el trato es tan cordial.

Cuando degustaba mi Old, Pedro y Matías estaban limpiando minuciosamente 40 copas – paso por agua caliente y luego secado y sacado de lustre con una servilleta blanca -, y Santiago – en broma y en serio – les espetó como era posible que prefirieran limpiar unas copas que entretener a una dama en la barra. Me reí mucho. Claro, el trabajo de un barman/barwoman en gran parte es también ser un anfitrión de quienes los acompañan del otro lado de la barra. Me contó que ese trabajo le posibilitó a él pasar de un joven sumamente tímido a lo que es hoy, un muchacho que no para de hablar. Me reí de nuevo.

Por supuesto, acá no podía obviar la visita al baño, que se encuentra pasando dos puertas adentrándose en el hotel. Sin repetir y sin soplar en el Top 1 de toilettes visitados. No resistí la tentación de fotografiarlo varias veces.

Siendo que ya comenzaba a agotar mi vaso, fui pidiendo la cuenta. Eran $210 que incluía un plus por el whiskey elegido.

Probablemente no sea un lugar al que vaya a ir todos los días (muchas veces salgo con las gastadas All Stars y acá no da), ya que no tengo el sueldo de Madonna, ni Mick Jagger o The Edge, entre otras Rock Stars que se alojaron allí. Sin embargo, para un gusto de vez en cuando y para mi bolsillo, la relación precio/calidad es insuperable. La atención es de primera, los productos formidables, el lugar encantador y no nos olvidemos que es el Four Seasons.

Por sugerencia de una amiga muy lectora de mi blog, a partir de éste post, comenzaré a puntuar mis visitas gastronómicas. Al Pony Line Bar le doy 4 ½ Bracas.

Tras saludar a los sobresalientes Pedro y Matías, despedirme de Santiago y Sebastián, quienes amablemente me invitaron a volver, enfilé hacia la cálida medianoche, de buen humor porque un lugar así esté a mi alcance y contenta, cual niña sibarita cabalgando un pequeño pony.

Braca

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2 pensamientos en “Mi Pequeño Pony Line Bar

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