La Mística de La Pecora Nera

Ayer fue el Aniversario de mi Nacimiento N° 30 y el lunes quería darle una merecida despedida a mis 29, que tantas alegrías y buenos momentos me dejó. Para semejante ocasión tenía que encontrar un lugar acorde.

Siendo un día de semana que no llama mucho al festejo, pensé en darme un gusto y el primer lugar que vino a mi mente estaba asociado al legado de Sette Bacco que se ha consolidado en una versión más intima y refinada: La Pecora Nera (Ayacucho 1785) una gema que yace en el barrio de la Recoleta.

Esta iba a ser mi segunda visita, por ende tenía la confianza de que todo iba a andar de maravillas, no hay margen de error con este lugar. Me comuniqué al mediodía para reservar, por las dudas, imaginando que un lunes sería un día tranquilo. Quedé para las 21:15, ya que la próxima hora disponible eran las 23.

Me presenté puntualmente y me dieron a elegir una mesa. Busqué una que no estuviera muy expuesta, casi detrás de una de las cortinas. La ambientación de La Pecora se caracteriza por sus cortinas largas, negras que resguardan y crean un atmósfera especial,  donde las arañas brindan la iluminación justa para generar intimidad y la suficiente claridad como para distinguir los colores del vino antes de probarlo.

Techo alto, paredes de colores sobrios, un ropero de madera con un gran espejo esperan los abrigos, mesas con manteles blancos y vajilla reluciente, cuadros y grandes espejos con marcos trabajados cuelgan de las paredes, una hermosa vitrina con cristalería que brilla, repisas  de vidrio empotradas con jarrones, decantadores y lámparas antiguas… Todos detalles cuidados y de buen gusto, acompañados de música tranquila como Michael Bublé y Amy Whinehouse a un volumen calibrado, no molesta para conversar y tampoco pasa desapercibido.

Tras ubicarme, rápidamente me entregaron el menú y la vasta carta de vinos. Luego me acercaron los pancitos calentitos, salados y azucarados, parte del servicio de mesa. Sólo comí uno, no quería llenarme con pan.

En ese momento se acercó Daniel a saludar, como acostumbra hacerlo por todas las mesas y recibir los comentarios de los comensales, detalle que me encanta. ¿Y qué más puedo decir? Daniel Hansen, no es un Chef, no es un Cocinero, es un Artista y cada una de sus creaciones, sus platos, son obras maestras que deleitan todos y cada uno de los sentidos.  No tengo palabras para describir mi admiración, pero si alguna vez llegara a cocinar una centésima parte de lo bien que cocina este hombre sería la persona más feliz del mundo. Desde la presentación del plato, cuidada al extremo en su distribución, combinación de colores, imaginación y frescura – da pena hincar el tenedor para desarmar lo que tan prolijamente se me ha entregado – pasando por los aromas, ya degustando el vino – Ruttini Malbec/Cabernet 2010 de 375cm3 y el agua sin gas – percibí una brisa de una mesa vecina con sabor a mariscos que me trasladó a la orilla del mar… Y por ultimo los sabores y texturas en boca… que simplemente me llevan extasiada a la cumbre del placer: cuerpo, mente y alma felices.

¿Se puede cocinar más rico? No sé. Pero me siento una afortunada de haber encontrado hace tiempo a este jujeño y poder, de vez en cuando, disfrutar con regocijo de su talento culinario. En un momento, pensé “qué macana que no traje una cámara” para fotografiar los pequeños Guernicas que me iban sirviendo, pero ahora digo mejor que no la llevé, así van Uds. a corroborar lo que digo. Porque sinceramente, si son Algo Sibarita, tienen que ir, no es una sugerencia, es una amable pseudo-orden.

Tras desearme “que coma rico” y respondiéndole que “es muy difícil elegir“, de Entrada opté por un Strudel di Mare (Strudel tibio de langostinos, mejillones, salmón rosado y ahumado, con hojas verdes y aderezo cítrico) que era un orgasmo estomacal. Si, lo sé suena fuerte, pero es una frase que hice mía de una gran amiga. No hay mejor definición. Es una masa suave y crocante con toda la gama de marrones, rellena de esta combinación exquisita de especies del mar donde se puede distinguir cada una de ellas, a diferencia de otros pastones indescifrables de sabores marinos que he probado. Era una genial amalgama de picante y dulce, acompañado de fresca lechuga francesa verde y morada rociada de almendras crocantes fileteadas y aderezo de limón (y un plus). Un manjar.

Luego de haber escuchado las sugerencias del Artista de la mano de los siempre amables y encantadores mozos (Mozos, engloba a mozas), para continuar con el Plato Principal me decidí por un Ravioli di Brocoli in Brodo di Albahaca (El nombre del plato, lo inventé, no lo recuerdo completo, ya que al ser sugerencia no está en la carta y no lo puedo copy/paste tal cual es, si lo piden como Ravioli di Brocoli, ellos van a saber de cual están hablando). Básicamente un Coliseo de sabor. A pesar de que la albahaca no es de mi gran preferencia ya que la encuentro muy invasiva, en este plato estaba en su punto justo, con presencia sin avasallar el resto de los sabores. Los ravioles a punto, con la correspondiente y abundante cazuela de queso, fue un deleite y tengo que confesar, que a la mitad del plato, ya estaba satisfecha. Terminarlo fue el pecado capital en su máxima expresión.

Ahí tuve que hacer un impasse. Me encontré por un momento en la encrucijada de decidir si comer postre y explotar o resignar el placer del toque dulce y pedir la cuenta (Debo aclarar que yo no soy tan fanática de los dulces, depende mucho de la estación del año y el horario). Ya eran pasadas las 22:30, lo estaba pasando de maravillas, pero también comenzó a carcomerme la culpa, ya que empezaban a arribar las reservas de las 23 y sentía como cierto deber de cortesía de liberarles una mesa. En esta disyuntiva me encontraba, mientras disfrutaba el bivarietal, cuando Matías Zubeldía – Gastronómico Encargado – siempre atento a todo, me dijo “Tranquila, no hay ningún apuro“. Lo cual me tranquilizó y resolvió mi duda. Se venia el Postre.

Después de la pausa y un pequeño retoque en el baño el cual está impoluto, musicalizado y con espejos grandes, ojalá así fueran todos. Si leyeron mis otros post, habrán notado que para mí no es un detalle menor. Habla muchísimo del lugar, de la higiene y del cuidado, de brindar (o no) una experiencia integral a los comensales. En esto La Pecora también sobresale.

Ante una sutil señal, me acercaron la carta con una sonrisa y tras un largo debate interno ante las tentadoras opciones que leí y releí, fui por el Cheese Cake de Guayabas (Cheese cake perfumado con queso mascarpone y guayabas). A ver… una Rapsodia Bohemia magistralmente materializada en una torrecita redonda que, en textura me recordó a un pan de manteca cuando apenas comienza a derretirse… Tras tomar el primer bocadillo, después de un rato me di cuenta que no había soltado la cuchara desde que la había agarrado. Y ahí la apoye, unos segundos, para volver a tomarla y continuar hasta – casi – limpiar el plato. Mis 29 no querían irse, lo estaban pasando muy bien.

A todo esto, ya bastante pasadas las 23, seguían arribando comensales ¡y eso que era lunes! Definitivamente, cuando vayas, reservá antes… No digan después que tuvieron que esperar mesa, porque ya han sido advertidos.

En un momento Matias se acerca y me comenta que los mozos no sabían si poner o no una vela en el Postre, ante el desconocimiento de si yo era o no supersticiosa. Y digamos que no le presto atención al hecho de apoyar o no cuando te pasan la sal, caminar por debajo de una escalera, abrir un paraguas en un lugar cerrado y demás, pero a eso de decirle a alguien Feliz Cumpleaños antes de las 00 y si,  le presto atención, mi cumpleaños empezaba a las 00 y felicitarme antes era mala suerte. Por lo que se alegró de que no se adelantaran, me hizo saber que no me dejarían retirarme hasta poder desearme un Feliz Cumpleaños y si le aceptaba al menos una copa de Champagne o Lemoncello – Pequeños detalles, Señores, en los detalles está la excelencia -. Por supuesto accedí al segundo.

Y así, muchísimo mejor de lo esperado, de lo imaginado, llegaron las 00 del 6 de noviembre y con ello, sin descuidar las demás mesas, se acercaron los mozos con una copa cocktail de Semifreddo al Frutto Della Passione (Crema helada casera de maracuyá fresco). Fruta de la que soy bastante detractora, pero estaba tan rico, con las semillas chispeantes! Aunque, no lo pude terminar, porque todo tiene un limite y mi estómago también.

Tras pedir los 3 deseos, apagar la centelleante vela y finalmente ser saludada, noté que estaba dándole una excelente bienvenida a los 30. Aportó un detalle de color, otro comensal que se acercó con otra copa de champagne a felicitarme, no solo por mi cumpleaños sino porque cenaba sola y que eso demostraba la decisión de los cambios que estaba buscando para mi vida en el futuro ¿Un visionario tal vez? …

Más que feliz, gastronómicamente satisfecha y deleitada, habiendo pasado una velada increíblemente amenizada por todo el personal, tenía que retirarme, tal como le dije a Matias, “Me voy sino no me voy más” a lo que respondió muy elocuentemente “Es la mística“. Touché. 5 Bracas para La Pecora, la excelencia que alimenta el alma.

Pedí la cuenta, que ascendió después de todos los pasos de un menú y más (mucho más) a $290. Si, ya sé que están pensando, a lo que respondo: 30 años se cumplen solo una vez en la vida, los gustos hay que dárselos en vida (Un cadáver no come) y yo no me compro ropa, para todo lo demás, existe Visa.

Vuelvo a repetir, tienen que venir a este lugar, si aun no lo hicieron, no esperen, la excelencia es posible y la uso como la vara con la que mido todo. Para una ocasión especial o simplemente para mimarse…

Claramente es un lugar al que voy a volver, ya he probado también el famoso y contundente Risotto di Ossobucco alla Milanese, pero todavía quedan muchas sinfonías por descubrir y cuando me toque disfrutar de un Ultima Cena por estas latitudes, no me cabe duda que será pintada por este magnifico artesano de la gastronomía argentina.

Braca

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. July dice:

    Debo admitir y aseverar que usted sí sabe recomendar un lugar para pasar un momento ameno y agasajar como corresponde a un cumpleañero…. no solo Ale, (mi querido novio) si no yo también, quedamos perplejos con tan bello lugar, sus aromas, sus sabores, su atención !!! la próxima vez que deba salir a comer, sin duda ya se a quien tengo que recurrir …. “La pecora Nera” no solo alcanzo y supero mis expectativas, si no que se gano dos nuevos clientes, y ni hablar con la gente que enviamos…..

    Grosa Gaby, segui así, esto es lo tuyo !!!

    besos amiga,
    July.-

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    1. Braca dice:

      July, cuanto me alegro que lo hayan pasado tan bien! Fue el primer lugar en mi lista cuando me consultaste, Hansen es como dice el slogan… “Satisfacción Garantizada”.

      Gracias por el comentario, Salud!

      Braca

      Pd.: Encontré otra joyita, que próximamente será posteada…

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  2. Pecora dice:

    Gabriela, Muchas Gracias por tus comentarios, para todos nosotros, es un placer que nos elijas para despedir tus 29 y empezar con TODO los 30 !!
    Nosotros lo pasamos muy bièn con una clienta como vos.
    Un saludo muy especial de Todos los que hacemos de ” LA PECORA NERA “

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    1. Braca dice:

      Estimadísimos,

      De nada, por favor, el placer es todo mío. Gracias nuevamente por brindarme tan gratas horas y deleitarme con sus obras y tan cordial servicio. Recibo con alegría sus saludos, mando otros y nos estamos viendo!

      Salud!

      Braca

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