1½ Bracas/3½ Bracas/Algo Sibarita/Barcelona/Beber/Cervezas/Comer/Comida Española/España/Ranking/Vinos y Espumantes

¡Viva Barcelona!

Buenas buenas… Este post lleva demasiado tiempo en el horno, es hora de sacarlo de una vez!

Ahí me encontraba sentada en una mesa afuera del The Pilgrim Inn, el primer hotel de la compañía donde trabajaba que visité, en la segunda de mis salidas a las afueras de Londres. Esta vez, Southampton. Luego de subirme al Southern Train desde Clapham Junction, viajando con mi bicicleta por primera vez, me sorprendí cuando el boletero me hizo un comentario sobre mi sonrisa. Parece que no ve demasiada gente sonriendo en los trenes.

En realidad este post es sobre otra visita a Barcelona, donde mi hermana mayor se ha instalado en 2008. Fue su cumpleaños en Mayo y por trabajo, no pude viajar por lo que organicé con la complicidad de mi cuasi-cuñado una visita sorpresa.

Ya en el aeropuerto de Gatwick, tuve una agradable experiencia culinaria para mi desayuno. En una cantina libanesa llamada Comptoir Libanais (North Terminal-Airside). Encontré una mesa libre en una reservada esquina, con un enchufe a mano, más un atento servicio de Asia, una agradable y muy bella camarera polaca. Tomé un Cappuccino, un jugo natural de zanahoria y naranjas y comí un Smoked Salmon & Scrambled Eggs.

La cuenta fue £16, valores de aeropuerto, pero en general, muy satisfecha con el servicio.

Tras una demora de dos horas y cuarto con el desastroso servicio de Vueling, cuando debería haber arribado a su hogar pasadas las 2 de la tarde, me encontré comiendo una paella recalentada (riquísima igual) a las 5:30 de la tarde. Gracias Vueling por el tiempo perdido que nunca recobraré y la falta de consideración de su inexistente servicio al cliente.

 

El jueves nos quedamos en su casa y el viernes, luego de un merecido descanso y tomar unos mates en la soleada terraza, salí a caminar por las calles de Barcelona, en busca de comida.

Luego de haber estado en esta ciudad ya varias veces, en esta ocasión ví Barcelona con otros ojos. Será porque desde que volví de mis vacaciones en Argentina estaba atravesando un momento de inflexión y me encontré de turista de nuevo, en la ciudad del sueño perfecto, según las letras de Freddie en esa poderosa canción. Allí estaba, admirando de nuevo a Gaudí, escuchando el catalán, música y bailando en las veredas, total no me conoce nadie. Me encontré libre, descubriendo otra vez el poder de una sonrisa y una pollera.

Así fue que guiada por Google Maps terminé en una terraza frente a la Sagrada Familia, encandilada con su magnanimidad. Lamentablemente no puedo decir lo mismo del mozo del Bar Victor (Av. de Gaudí, 20bis) donde me senté a comer algo. Pero bueno, es entendible, debe estar harto de turistas proveedores de propinas. Sin mucha colaboración del señor para explicarme la preparación de algunos platos, me decidí por unas Gambas (7 unidades) que estaban muy ricas debo decir, tan crocantes que hasta me comí las patas de los langostinos. Todo esto acompañado de una fresca San Miguel.

Luego que me cobraran la no pequeña cuenta de €13,75 y dejar unas no merecidas monedas por el servicio, seguí caminando y buscando otro lugar donde comer más. Obviamente, eso había sido una mera entrada. Le doy 1½ Bracas siendo generosa.

Ya andaba por la Diagonal y tras comprar un pequeño obsequio super-copado a una futura Mamá, le pregunte a la chica del local (Muy amable, dicho sea de paso) donde podía comer unas tapitas decentes. Y me brindó instrucciones para ir a Entrepanes Díaz (Carrer de Pau Claris, 189).

Entrepanes resultó ser un un bolichito muy pintoresco. Si pispean las fotos lo verán, por lo que no los voy a aburrir con descripciones. Una foto dice más que mil palabras. Algo que sí vale la pena comentar era la música. Al rato de sentarme y pedir una Estrella Damn empezó a sonar Andrés Calamaro y luego una versión de Volare. Y así, transportada a otros lugares, quería comer pulpo pero no tenían. Así que seguí la sugerencia de la agradable camarera y pedí un Entrepan de calamares con mayonesa común y mayonesa de tinta de calamar. Muy sabroso, sólo el pan, no me terminó de convencer.

Tras haber comido, mientras disfrutaba una fresca cerveza y observar la gente alrededor, le pedí a la moza que me sacara una foto. Un comensal detrás me dijo que me había arruinado la foto y que se movía para que pudiera sacar otra. Nos reímos entre todos.

Luego de varios minutos y tras acercarse la hora en que tenía que ir a buscar a mi hermana, pedí “one more for the road”/una más para el camino, como se dice por pagos ingleses. Justo la noche anterior habíamos estado hablando con Pablo sobre lo que es un quinto. Un vasito que contiene un quinto de una botella, menos que una media pinta, más que un shot. Es un vasito muy simpático (20 cl.), más aun para alguien como yo, acostumbrada a pedir pintas (56,82cl).

Cuestión, que pedí un quinto y la cuenta. Como una ráfaga el comensal que estaba sentado muy tranquilo en su esquina, se levantó y le dijo a la camarera que fuera lo que hubiera tomado que lo ponga en su cuenta, que tras haberme arruinado la foto era lo mínimo que podía hacer. A pesar de mi tozuda insistencia, él ganó la pulseada y mientras volvía a su lugar, me dijo que los catalanes tienen fama de tacaños por lo que, él quería erradicar ese mito. Fue muy graciosa la situación e incluso la moza dijo que cada vez más veía que las parejas que iban allí terminaban dividiendo la cuenta y pagando por separado, por lo que, el gesto del caballero la había dejado sin palabras. Ya me prendí en el chiste y le dije que iba a tener que volver, y el me respondió que iba a mirar desde la puerta y si estaba con mucha gente seguiría de largo.

Con una gran sonrisa y todavía riéndome me marché de Entrepanes.  Bracas muy merecidos, sin duda cuando vuelva a Barcelona para ver a Messi, voy a volver.

 

El resto de la velada continuó con mi hermana tomando otra cerveza en Café Berlin (Carrer de Muntaner, 240). Un bar muy bien ubicado en el centro. Nos tomamos una Heineken cada una y partimos para el barrio. No sin antes contarle a mi hermana mi reciente anécdota.

Seguimos la recomendación de Pablo para ir a cenar y con mucha suerte encontramos una mesa en la vereda – o terraza – de TocaTeca (Carrer de Garcilaso, 172). Me matan los nombres de los lugares.

Arrancamos con una cerveza local, Moritz para apagar prontamente la sed. Acompañamos con las primeras tapas Patates Braves d’aquí/Patatas Bravas de aquí (“All i oli” y aceite picante), Patates Reverdes/Patatas Reverdes (“All i oli” de albahaca y perejil) y Calamars a l’Andalusa/Calamares a la Andaluza. Antes de terminar las cañas, llegó a pedido de mi hermana el infaltable Pan de coca amb tomàquet, oli i sal/Pan de coca con tomate, aceite y sal.

Ya con algo en el estómago, Pablo, alto conocedor de vinos, eligió un tinto de la bodega española Celler de Capçanes, un Marmellans Negre (Tempranillo, Garnacha y Cariñena) con una ridícula relación precio/calidad. Ya acostumbrada a los valores en Londres, ahora re-leyendo la cuenta, sólo cuesta €8 la botella. Imperdible. Escoltamos la sangre de Cristo con un Pop a la graella/Pulpo al grill y mi hermana degustó unas Potes de cranc/Patas de cangrejo.

De postre, coronamos con un Arròs amb llet/Arroz con leche para rememorar nuestras raíces argentinas. Y si la casa de mi hermana hubiera quedado en bajada, hubiéramos llegado rodando, pero no, teníamos que subir, lo cual, ayudó a la digestión.

La cuenta fue €57.65 incluyendo unos Ous Manxec i pernil/Huevos estrellados con jamón y queso manchego, que no sé si comimos o no, o fue un error en la cuenta, porque no tengo fotos de ellos. De cualquier forma, error o no mediante, panza llena-corazón contento, 4 Bracas para TocaTeca.

 

 

Al día siguiente, ya planeando la comida de la noche, por la mañana fuimos con mi hermana a visitar uno de los Mercados de Barcelona, que por suerte, ella tiene a mano.

El Mercat de la Mercè (Passeig de Fabra i Puig, 270), como casi todos los mercados que he visitado, son un paraíso para los fanáticos del buen comer y beber. Elíseos urbanos para encontrar de todo y para todos los gustos. Pescado fresco, frutos de mar, conservas, aceites, embutidos y/o quesos de todos los tamaños, colores y sabores. Por supuesto, también hay vastos puestos de verdulería y carnicería, con mucho cerdo como es de esperarse por estas pampas.

Sumado a la variedad gastronómica, otro aspecto a destacar es la camaradería del servicio, el buen trato de los puesteros y comerciantes. Como será, que mi hermana hizo un comentario sobre unos quesos y la chica del puesto supo que hablaba de Pablo, el chico del Metro. ¡Hasta se puso celosa porque lo recordaba tan bien!

Tras comprar algunas cosillas para la noche, ¿Adivinen qué? Estábamos con hambre. Obvio. Por ende, antes de ir a dar otro paseo, encontramos por la zona otro restaurante de Tapas, llamado Ven-Ven (Carrer Costa i Cuxart).

Todavía no había comido Pulpo a la Gallega, y allí tienen, así que ése fue mi primer pedido, más unos Quesos, Boquerones y Almejas. Pepe, el mozo, que al principio no derrochaba simpatía, nos recomendó no ordenar más nada y ver como íbamos con eso. Tuvo razón. El pulpo fue mi preferido, las almejas nada que me alucinara y los boquerones nos cayeron un poco pesados, mucho aceite, me parece.

La cuenta ascendió a €39, un poco excesiva si comparamos con la cena de la noche anterior y la relación con cantidad-calidad. Igual, Pepe salvó el almuerzo invitándonos unos chupitos. 2½ Bracas, por la buena onda del final.

 

Ése fue el último lugar que visité en este viaje. A la noche mi hermana se destacó con sus tapas caseras, mientras mirábamos la final de Champions League entre el Atlético del Cholo y el afortunadísimo Real de Zidane.

 

Desafortunadamente no puedo terminar este post sin una nota amarga. Cuando volaba regresando a Londres, cometí el error de pedir algo para comer, cosa que generalmente nunca hago en los vuelos. Pero bueno, sí, tenía hambre. Más aún, dada otra demora de vueling para salir, sin dar explicaciones de nuevo, esta vez por más de una hora.

Mi desacierto fue pedir un Combo, conformado por un Club Sandwich de pollo, un snack y una cerveza por €11. El sándwich tenía mostaza. Aderezo que no goza de mi aceptación y no sólo eso, sino que el detalle no estaba en la descripción. De haber mencionado ese ingrediente, no lo habría pedido. Además, siendo una ex-empleada de una empresa de Hospitalidad y habiendo aprobado numerosos cursos de Health & Safety (Seguridad e Higiene) en el rubro gastronómico, no mencionar ese ingrediente puede llevar a severas consecuencias en la salud de un tripulante, que por ej. sufra de algún tipo de alergia.

Ya en el vuelo de ida me había levantado a hablar con la Tripulante a cargo y dada su nula respuesta, sabía que no tenía ningún sentido hacerlo de nuevo y plantar un queja. Oportunamente, lo haré.

 

Más allá de este desafortunado evento, regresé de Barcelona respirando aires de cambio que eventualmente les contaré.

Desde mis humildes experiencias, permítanme decirles, si aún no la conocen y tienen la oportunidad vayan a conocerla, así como inspiró al Gran Freddie y su admirada Montserrat, seguramente los inspirará a ustedes. Vayan, vuelen a Barcelona, ciudad donde la música vibró, vayan a ver jugar al mejor jugador del mundo, Leo Messi, vistiendo la camiseta del equipo que le dió todo y se lo agradecerá por siempre. Vayan a Barcelona con sus puertas abiertas al mundo… ¡Vayan, vean, escuchen, saboreen y sientan Barcelona…! (¡Pero no vayan con vueling!).

 

Salut!,

Braca

 

 

 

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