Xenofóbica Isabel y Discriminación en The Ritz Hotel

Arranco esta nueva etapa de Algo Sibarita con los tapones de punta y el cuchillo entre los dientes como dice, el Cholo Simeone… Paso a contarles por qué.


El sábado 11 de septiembre – ¡Felíz Día del Maestro/a en Argentina! – a la tardecita me encontró  en la barra del Wild Honey St James (8 Pall Mall, SW1Y 5NG). Caí ahí, más que nada porque había pasado más temprano por la puerta con la bici y ví que había una bar. A la vuelta, entré. Me indicaron adónde estaba el bar pero yo quería ir al bar del restaurante que era el cual había visto más temprano.

Una vez sentada en la barra, después de un poco de va y viene – ya que quería tomar algo sin alcohol que no fuera Coca-Cola o jugo de caja -, costó un poquito de explicaciones y barajar opciones pero Cedric, oriundo de India logró un rico trago combinación de juego natural de pomelo, naranja batido con dos medidas de Everleaf Forest (aperitivo sin alcohol). Parecía un cóctel, suficiente con eso. 

Luego de conversaciones triviales y pensar adónde podía ir a comer me decidí por Isabel (26 Albemarle St, W1S 4HY). Elegí ese lugar porque un par de semanas atrás de total casualidad, me topé en la puerta de Bar des Prés con un ex colega que no veía desde 2016 y me dijo que mandara un curriculum. En realidad, no es que tuviera la intención de volver a trabajar detrás de la barra, pero me tenté y seguí su consejo. Antonio Propato, el gerente de reservas me respondió enseguida, lo cual me resultó buena señal. Dias después, me encontré “estacionando” mi bicicleta al frente de Isabel y ver qué clase de experiencia ofrecían. 
 
Para bien o para mal, la experiencia no sólo fue incompleta sino, lamentable. La persona en la puerta, un flaco alto oriundo de los Emiratos – adiviné por el idioma que hablaba con su colega -, tras preguntarle si había lugar para uno en la barra me respondió que no, que estaban llenos. Pregunté si era posible chequear con la recepcionista y categóricamente me dijo que no, que era sábado a la noche, estaban muy ocupados. Okey… Dado que el tono de voz y actitud eran cero amigables, me alejé de la puerta y llamé al número que tenía en el e-mail de Antonio para ver si tal vez, tenían un lugarcito para mí, ya que desde afuera se veían varias butacas vacías en la barra. Además era temprano, alrededor de las 8 y cuarto de la noche.  
 
Tras un par de rings me atendió Sarah, y le pregunté por Antonio pero me dijo que no estaba disponible en ese momento. Entonces le consulté si tenían lugar para una persona en la barra. Me pidió que espere en línea mientras chequeaba, y al ratito me dice que , que tenían lugar pero que tenía que llegar al bar lo antes posible. Le respondo ‘Perfecto, porque estoy acá en la puerta’ y le hago seña con una mano. De allí me mira, mientras yo me acercaba a la puerta.
Me quedo esperando y le pregunto al mala onda de seguridad si esto tenía que ver con un dress code o algo por el estilo, y tras tomarme una radiografía computada de cuerpo entero me respondió: «No, creo que estás bien, no es eso» (…) Okey, pensé.
Sarah se asomó, y apenas abriendo la puerta me dice que había chequeado y tenían un grupo de dieciséis personas por llegar por lo cual no tenían lugar en la barra… (!)
Sumamente sorprendida por la información, le dije ‘recién me dijiste al teléfono que tenias lugar, re-chequeaste y de repente tenés una reserva para 16 personas?’ Y me dice, desde la hendija (¡Cómo si yo fuera a meterme a la fuerza!) que no tenían lugar y que lo lamentaba. Le pregunté el nombre y me fui. 
 
No podía creer la situación. 
 
Lo indignada que me quedé no lo puedo explicar. Hacía muchísimo tiempo que no me encontraba con semejante falta de cordialidad por parte de un portero… 
 
Empecé a bajar unos metros hasta llegar a Picadilly Circus, y entré en The Wolseley, pero tenían una espera de media hora para una mesa. Ya me estaba comenzando a impacientar, considerando que el nivel de hambre seguía en aumento. En la esquina tenía The Ritz Hotel con la opción del Rivoli Bar. A pesar de ser un viejo conocido, en una noche en la cual quería conocer algo nuevo, pensé ‘no puede fallar’
 
Empiezo a subir los escalones de la entrada y el portero que vestía una galera gris me pregunta ¿En qué le puedo ayudar? y medio en broma, medio en serio, le digo: «Tengo hambre«… Le explico que era el cuarto lugar al cual iba (Chucs ni lo menciono), y si podia ir al Rivoli Bar… Negando con la cabeza me responde que no, que estaban llenos. 
 
Eso no podía estar pasando. ¿Déjà vu?
 
Nuevamente, un poco sorprendida, le pregunté si podía chequear con la conserjería, tal vez, habría alguna cancelación.  A lo cual me respondió categóricamente, No, bajo ninguna circunstancia, estamos llenos.
 
¿Me estaban haciendo una joda y no me había dado cuenta?
 
Guau! Claramente, el señor tenía toda la intención de no habilitarme la entrada. También, me sugirió que probara en el Wolseley, a lo cual respondí que ya había ido allí.
 
Me sentí mas diminuta que una hormiga. O peor. 
 
Afligida y horriblemente maltratada por segunda vez en un intervalo menor a media hora, procedí a llamar por teléfono a la recepción del Ritz Hotel para corroborar si este hombre simplemente me estaba discriminando, o realmente no había ni un lugar
Tras conversar con una amable mujer, efectivamente, había lugar en la galería del bar para una persona y me aclara que tenían un dress code, a lo cual respondí que ya lo conocía.
Mientras la mujer al teléfono me preguntaba si quería reservar ese lugar, le agradecí pero prefería sentarme en una barra, y no pude evitar hacerle un comentario sobre lo mal que el hombre con galera me había tratado en la puerta. Pocas veces me han hecho sentir así, también le dije que me gustaría recibir una llamada del gerente al respecto. 
 
Cabe aclarar a los/las que leen que no estaba vestida cual pordiosera ni tampoco para una alfombra roja. Mi vestimenta constaba de sandalias negras de cuero, mis bombachas de gaucho verde oscuro de La Emilia Regionales que lucen como un pantalón casi de vestir, una campera de cuero marrón y una remera negra con lineas horizontales. O sea, un look que aquí llamarían smart casual… No estaba rompiendo ningún dress code, sino ni me hubiera asomado por la esquina. 
 
Con el corazón con agujeritos, la dignidad averiada y el estómago crujiendo me alejé de la vereda del Ritz y finalmente, encontré otro donde me recibieron con sonrisas y buenos modales.
 
Francesco, oriundo de Catania, en el Cafe Murano (33 St. James’s Street, SW1A 1HD) me salvó la noche con su impecable atención y simpatía.
 
Para tomar, me pedí una cerveza Peroni sin alcohol y luego, un aperitivo sin alcohol llamado Crodino, que me encantó. 
 
Para comer, arranqué con el Beef carpaccio, hazelnut & truffle/Carpaccio de ternera, avellana y trufa de entrada, y me tenté de probar un segundo: Bone marrow, salsa verde & focaccia/Caracú, salsa verde y focaccia fueron un espectáculo para el paladar. Hasta chupé los huesos para sacar cuánto caracú pude… Mientras le contaba a Ciccio (así lo llaman a Francesco cuando se porta bien) que con mis hermanas nos peleábamos por ésto cuando comíamos Puchero
 
A pesar de que al día siguiente cumplía dos semana de no beber alcohol, no me pude negar a un Lemoncello casero de cortesía. No pude. 
 
Pagué la cuenta de £32.06 con servicio incluído y le dejé un Kinder Bueno en forma de agradecimiento. 
 
A todo esto, Francesco me recordaba a alguien y hasta él mencionó que me veía cara conocida… Un par de días después, seguía pensando, y me parece que él era uno de los italianos festejando ser Campeones de Europa el 11/07 en la vereda del restaurante italiano al cual yo había ido a ver el partido… Voy a tener que volver para preguntarle y sacarme la duda.
 
Por suerte, la noche terminó bien, pero no dejé de expresar via e-mail mi malestar y terrible experiencia al gerente del Ritz, Dhaval Rathod y a Antonio Propato, los cuales respondieron respectivamente: «Tenga la seguridad de que estamos tomando las medidas adecuadas para abordar el problema y evitar futuras ocurrencias o confusiones» y «somos bastante claros en lo que respecta a la igualdad en el trabajo entre nosotros y con nuestros invitados, y solo puedo disculparme por cómo la hicieron sentir«… Todo muy lindo por escrito, pero a las palabras se las lleva el viento y tengo cero tolerancia para xenofóbicos y discriminadores.
 
 
De más está decir que Isabel no se lleva ni un Braca y el Ritz bajó a la misma categoría. Pero el Cafe Murano se ganó 5 Bracas en buena ley, y voy a volver, sin dudarlo. 
 
 
Algo Sibarita
 
 

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