Cada vez que me preguntan si extraño Argentina o qué es lo que más extraño de Argentina, respondo: la comida.
De más está decir – para todos los que me estén juzgando mientras leen esto – sí, por supuesto, extraño a mis viejos, parientes, amigos, etc. Pero hoy en día, gracias a la tecnología, la lejanía no se sufre tanto. Y yo he procurado viajar cada año para pasar tiempo con mis papás, en casa, tranquila, comiendo, durmiendo siestas, tomando mate, jugando Scrabble y no mucho más. Porque eso para mí es suficiente para llenarme el alma, y la comida casera de mis progenitores es la que más feliz me hace. Panza llena, corazón contento.
Más específicamente, ninguna otra comida argentina es replicable – en ningún lugar del mundo -, como lo es el asado argentino. No importa si la carne es importada, sellada al vacío, transportada en jets supersónicos, a los mejores restaurantes del planeta. Ningún Michelin. Nada le llega a los talones al asado argentino hecho en Argentina con leña argentina.
Y ya sabiendo eso hace tiempo, a veces voy a alguna «Parrilla Argentina» con la esperanza de encontrar, alguna vez, algo similar a ese sabor inconfundible del asado que como en mi casa.
En enero, en un día de ánimo raro, eran ya las cuatro de la tarde, andaba por la calle y todavía no había almorzado. Justo estaba por la zona, y me acordé de 9Reinas (Carrer de València, 267 08007, Barcelona), un local que me había llamado la atención. Por supuesto, por su nombre asumí que era comida argentina.
Su página web reza ‘auténtica parrilla argentina’… pero en el menú no tienen tira de asado/asado de tira. Lo que para mí es equivalente a ir a una heladería argentina y no ofrecer helado de dulce de leche, o ir a un restaurante italiano y que no sirvan spaghetti.
Se enorgullecen de ofrecer ‘las mejores carnes del mundo’, entre las seleccionadas se encuentran Angus de Argentina, Black Angus de Estados Unidos, Wagyu y Nacionales.
Antes de pedir, pregunté – por las dudas -, si tenían asado de tira, y la moza me dijo que no, así que para tomar pedí un agua sin gas, y para comer, el Lomo Bajo Argentino (300 gr) y la ensalada de hinojo, cherry, eneldo, rayadura de lima y vinagreta de kalamansi. Luego de explicar a qué me refería con el punto de carne jugoso, me dediqué a esperar y observar el salón.
El lugar está hermoso, mucha madera, ladrillos a vista, manteles blancos, cuadros alusivos a la Pampa Argentina, aunque el baño no acompaña la suntuosidad del lugar, podría estar mejor.
Me trajeron a la mesa el servicio de pan y aperitivo (dos tipos de manteca) – que recién ahora leo en el menú online -, que podría haber suspendido. Lo cual debería haber hecho porque no quería comer pan.
También, recién ahora me entero de que dicho pan ha ganado el 1er premio al Mejor Pan de Pagès Catalán 2022 y 2024. ¡Qué bien! Me dejaron, para acompañar la carne, lindos potecitos de chimichurri y salsa criolla (con pimientos verdes).
Finalmente, llegó la comida. Algo a destacar es que aquí la parrilla es real, es parrilla al carbón, no a gas. La ensalada estaba riquísima. La carne, cocida a buen punto. Pero, como pasa casi siempre, en las parrillas argentinas europeas, no es asado lo que sirven, sino carne a la parrilla. Y no, no es lo mismo.
Nadie pasó preguntarme cómo estaba todo, aunque sí lo hicieron cuando pagué la cuenta (€43.60 + propina).
3 Bracas para 9Reinas. Reconozco el esfuerzo, pero se queda corto en su misión de preparar el «perfecto asado argentino», tal cual lo anuncian. Tal vez vuelva, si hay asado de tira…
Será que mi paladar está acostumbrada a los mejores asados que tengo el privilegio de comer, los asados de mi Papá.
Salud!
Algo Sibarita

