Esta historia no tiene tanto relato, simplemente, una tardecita quería cenar rico, y tenía en mi lista a Tangana (Riera De Sant Miquel 19, Barcelona). Así que, fui temprano. Como no había comensales, pregunté si la cocina ya estaba abierta. Por suerte, sí, y a pesar de no tener reserva, me hicieron lugar, en mi sitio preferido: la barra.
Tal como reza su página web:
Un espacio gastronómico de referencia en Barcelona, con una barra en la cocina vista para no perderse ni un detalle del espectáculo culinario.
Me encanta poder sentarme tranquila y observar todo lo que pasa en la cocina. Y sí, es un espectáculo, y de paso, tal vez aprendo algo.
La oferta de la carta de cocina tradicional y de mercado, no sólo es amplia sino interesantísima y me dio ganas de probar todo. Pero cuando leí mollejas, mi punto débil, no pude no pedirlas. Como siempre son una bomba de grasa que implosiona en el estómago, me pedí para balancear de entrada: la ensalada de stracciatella con fresas y lágrimas de pimientos.
Para acompañar le pedí una sugerencia al mozo y me trajo dos opciones de blancos para probar. Elegí una copa de Montespina Verdejo, que fue perfecto con la ensalada que llegó a los dos minutos. Colorida, fresca, liviana y plagada de texturas. Exquisita.
Tras tomarme mi tiempo para el primero y terminar la copa de Verdejo. Antes de que llegaran las mollejas, me pedí una copa de un blend Embruix.
Llegó el principal, una combinación que no había probado: Mar y Montaña de mollejas y gambas. El cual, tuve que respirar hondo para terminar. Estaba rico, no estoy cien por ciento convencida de la salsa que acompañaba el plato, para la parte de montaña. Pero, al margen de eso, todo estaba muy sabroso, y cocido al punto justo. Si me han leído en el pasado, sabrán lo que me ha costado encontrar mollejas bien hechas.
A lo largo de la cena, me tomé dos botellas de agua y no estaba para postre. Estaba para salir rodando.
4½ Bracas para Tangana, tengo muchísimas ganas de volver y probar TODO! Además, el servicio fue excelente, desde el primer momento.
Pedí la cuenta (€51.80 + propina), no sin antes visitar el baño que está súper lindo, al igual que todo el restaurante. Cuando me estaba yendo, ya el local estaba casi lleno. Por lo que, si van en grupo, sin duda reservar es mandatorio.
Tal vez en la próxima pueda conocer al chef Josep Maria Masó y su socio el chef Àlex López, claramente Masterchefs de la Ciudad Condal.
Salud!
Algo Sibarita

