Mi primer contacto con el Hotel Pulitzer Amsterdam, fue un par de años atrás cuando trabajaba de asistente para un productor de música en Londres. En ese momento, me pidió reservar un par de noches para él y la señora, lo cual hice. Pero luego, ellos cambiaron de planes e iban a quedarse en lo de unos amigos, por lo cual tuve que cancelar la reserva. A pesar de rogarles un poco de comprensión, no hubo forma de recuperar la plata de la cancelación – debido rígidos términos y condiciones -, a pesar de haber dado aviso con muchísima anticipación. Acepté la derrota, pero el nombre me quedó grabado.
Ahora, conociendo un poco más la idiosincrasia neerlandesa, donde el afán comercial es prioridad, entendí la resolución de aquel episodio. Históricamente, siempre han sido grandes mercaderes, y en esta era moderna no es diferente. Es una constante, que ante cualquier situación, apuntan a obtener el mayor rédito monetario posible.
Un día que andaba bicicleteando, vi los postes y banderas del hotel en la vereda y me dije: «Ah, acá esta el Pulitzer Hotel… ¿A ver qué onda?‘
Así fue que casi seis meses atrás, un sábado a la tarde después de trabajar, por primera vez fui al Pulitzer’s Bar (Keizersgracht 234, 1016 DZ) dentro del Hotel Pulitzer Amsterdam (Prinsengracht 323, 1016 GZ).
El bar está hermoso. Como todo bar de hotel 5 estrellas. Pintura oscura, sillones y butacas ultra cómodas, libros artísticamente apilados, lámparas de diseños de todos los tamaños, detalles Art Deco, una acogedora chimenea y altas ventanas con vista al canal, desde donde se puede apreciar la arquitectura local, especialmente, las típicas fachadas que hacen a esta ciudad tan identificable. La música, tambien acompaña.
El menu de cócteles divido en cuatro capítulos, lo defino como clásicos tuneados con ingredientes de la zona. Encontramos tragos como el Starter Martini (Ketel 1 Vodka, manteca y sabia), el Chestnut Old Fashioned (Woodford Reserve Bourbon, bitters y castañas) o el New Amsterdam (Savoia Americano, Orgeat, limon, reducción de vino tinto y clara de huevo). Sin embargo, lo que llamó gratamente mi atención fue la presencia en dicho de menú de la que se ha convertido en mi cerveza rubia preferida: NOAM. Una lager nacida en Munich que es una exquisitez. Queridos lectores, si la encuentran en algún menú, pídanla. 100 x 100 segura que no se van a arrepentir.
Me pedí una Noam. Felicidad instantánea. Más luego, pedí otra. Y un poco más tarde, un Dry Martini. Todo siempre acompañado del vaso con agua reglamentario que siempre sirven en este tipo de bares.
Acá te convidan unas galletitas saladas, que invitan a beber más para saciar la sed que provocan. Ese día no estaba para cenar, pero pregunté si tenían aceitunas, ya que en el menu de snacks no estaban. Piero, el bartender, me sirvió un generoso bol de aceitunas verdes enormes, del cual no me puedo acordar el nombre de la variedad. Este muchacho fue muy ameno y acogedor desde un principio. Luego, me di cuenta que la mayoría de los que trabajan ahí son italianos, lo cual descontractura mucho el servicio, que en este tipo de hoteles puede ser muy acartonado. En el Pulitzer, todo es muy casual y relajado. A veces, demasiado.
Pedí la cuenta (€29+propina). Mi primera impresión fue muy buena, por lo cual volví varias veces más. Generalmente, luego del trabajo, cuando necesitaba una Noam o un buen Old Fashioned.
Allí pase mi primer víspera de año nuevo en Amsterdam, ya que justo el 31 de diciembre del año pasado me tocó mudarme. Una amiga quería que me uniera a su celebración en un boliche, pero esa idea era una pesadilla para mí y al final me tocó trabajar. Así que, luego de desempacar y ordenar mi nuevo hogar, me cambié y salí para el Pulitzer, deseando que hubiera lugar. Llegué casi a las 10 de la noche y la cocina ya había cerrado. Entonces las galletitas saladas fueron mi cena. Me tomé dos Old Fashioned, brindé a las doce con las mujeres que estaban sentadas en la barra y el staff, y ví desde las ventanas los fuegos artificiales que se reflejaban en el canal y en las ventanas. Fue una linda forma de comenzar el nuevo año.
Regresé unas cuantas veces más, con y sin amigos. En una de esas noches probé la Crab Toast/Tostada de cangrejo, correcta. Volví en la víspera de mi cumpleaños y también para celebrar el primer aniversario de nuestro Campeonato Mundial. En otra ocasión, volví un jueves para cortar la semana con una amiga. Esa noche, noté un aumento de precio de la Noam en la cuenta, y como todavía no había sido corregido en el menú, la recepcionista me dio una birra gratis para compensar. Se agradeció.
El pasado febrero, decidí que no voy a tomar alcohol hasta la Copa América. Por lo que mis visitas a este bar se hicieron mucho mas ralas. Desde marzo sólo he estado bebiendo cervezas sin alcohol o agua… Pero el domingo pasado, se me dio por hacer otra visita.
En la puerta del bar un cartel reza que espere para ser sentado y esperé un rato largo hasta que alguien en el bar se percatara de mi presencia. Finalmente, la recepcionista me saludó, le dije que no tenía reserva y le pedí si me podía sentar en el bar. Me acompañó hasta una de las butacas y me dejó el menú. Ya sabía que iba a tomar, una Heineken 0% y para comer, una porción de papa fritas. Cuando uno de los bartenders pasó por mi lado, le pedi. Al rato, Piero me vio, se acercó y me dijo «Old Fashioned?»… A lo cual respondí que no estaba bebiendo, le pregunté como andaba y me contó un par de sucesos de su vida personal. Él notó que no me habían servido agua y me dijo que ya me alcanzaba un vaso, y que luego volvía ya que tenía unos tragos para hacer.
Mi celular tenía 10% de batería, por lo que, luego de lograr captar la atención de uno de los empleados, una chica se acercó y me preguntó si necesitaba ayuda… Le dije que sí, que tenía dos favores para pedirle. El primero, si podía darle mi celular para cargarlo en algún lado, a lo cual respondió que se iba a fijar y volvió con una respuesta negativa, no tenían cargador. Yo diría que no tenían voluntad, porque hoy en día, que en un hotel 5 estrellas no te puedan cargar un celular es inaceptable. El segundo, fue pedirle una lapicera, la cual me dio enseguida y me preguntó si necesitaba papel. Le dije que con la servilleta bastaba.
Al rato, me sirvieron la cerveza y las papitas fritas con mayonesa, que estaban bien crocantes. Igual, debo admitir que me gustan más las de Lyaness.
Me entretuve comiendo las papitas, escribiendo mi lista de cosas-que-tenía-que-hacer y observando como el sol comenzaba a caer reflejándose en las fachadas de enfrente. Un postal hermosa.
Tras liquidar las papas y la Heineken, todavía tenía lugar para una más pero todos los empleados parecían estar en una fiestita de cumpleaños a la cual yo no estaba invitada… Nadie se acercó a preguntarme si quería beber algo más, tampoco a retirar los recipientes ya vacíos y el vaso con agua nunca llegó. Cuando finalmente pude lograr contacto visual con alguno para pedir la cuenta, tuve que esperar casi diez minutos para que me cobraran.
Mientras pagaba £12 (sin propina, lo siento, pero no se la ganaron), el mozo me preguntó si había estado todo bien y opté por mentir diciendo que sí, cuando en realidad tendría que haber verbalizado mi decepción ante el mezquino servicio brindado en un noche donde el bar estaba casi vacío. Puedo entender que siendo domingo el staff estaría cansado tras un fin de semana -probablemente – agitado. Sin embargo, en lugares como éstos, el huésped no tiene que sufrir las consecuencias.
Antes de irme saludé a Piero deseándole que siga bien. Me fui silbando bajito con un dejo amargo, ya que me gusta ir al Pulitzer, pero tras ésta última visita, al menos por un tiempo no invita a volver. Otra clara prueba de que la consistencia es esencial en esta industria, como en la vida misma.
Veredicto: 3 Bracas.
Gracias por leerme, salud!
Algo Sibarita
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Pd.2: sigo intentando que ésto llegue algún día a los ojos de Lionel Messi, se agradece la difusión: https://youtu.be/BGeMbgI9i5k
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